Vivir o producir?

autoexigencia-terapia-gestaltEn la sociedad donde generalmente lo valorado es producir, más que vivir plenamente, muchos hemos aprendido que lo importante es tener buenos resultados, sea en la vida privada o la vida laboral. Tenemos suerte si en algún momento empezamos a sentir insatisfacción, algún tipo de vacío, que nos hace preguntarnos si realmente estamos viviendo la vida que queremos vivir? Creo que realmente somos bendecidos cuando empezamos a sentir esta crisis existencial, porque junto con este dolor vital crece la esperanza de cambiar algo, de descubrir algo nuevo y elegir otro camino. Muchos no tenemos esta suerte y seguimos con la “carrera” de la vida, pensando que es “normal” y perdiéndonos lo esencial.

Como dice Fritz Pearls, el creador de la terapia Gestalt: “El hombre moderno vive en un estado de vitalidad mediocre. Aunque por lo general no sufre hondamente, sabe poco acerca de lo que es vivir en forma verdaderamente creativa. En lugar de ello, se ha convertido en un autómata angustiado. Su mundo le ofrece amplias oportunidades de enriquecerse y disfrutar y, sin embargo, se le ve vagando sin sentido, sin saber en realidad lo que quiere y por lo tanto completamente incapaz de poder averiguar cómo conseguirlo. Se aproxima a la aventura de vivir sin excitación ni gusto. Pareciera que siente que el tiempo de pasarlo bien, de placer, de crecer y aprender, es la niñez y la juventud y al llegar a la “madurez” abdica de la vida misma. Se mueve mucho y hace ademanes de hacer muchas cosas, pero la expresión de su cara indica su falta de interés real en lo que está haciendo. Por lo general tiene cara de póquer, aburrido, distraído o irritado. Pareciera que ha perdido toda espontaneidad, toda su capacidad de sentir y expresar en forma directa y creativa. Es muy hábil para hablar de sus males y muy malo para encararlos. Ha reducido la vida a una serie de ejercicios verbales e intelectuales; se ahoga en un mar de palabras. Ha sustituido el proceso de vivir por explicaciones psiquiátricas y pseudopsiquiátricas de la vida. Pasa largas horas tratando de recobrar el pasado o moldeando el futuro. Sus actividades del momento presente no son más que tareas que hay que cumplir. A veces, ni siquiera se da cuenta de sus acciones en el momento”.

A veces he sentido que lo más importante en la vida es cumplir con una tarea. De hecho, he entendido la vida como una gran tarea, donde lo más importante es lograr algo. Lo más importante es el resultado. Con una esperanza que si lo hago suficientemente bien, podré recibir por fin la recompensa por todos mis esfuerzos. Si lo hago suficientemente bien en mis relaciones, me querrán. Si lo hago suficientemente bien en mi trabajo, tendré éxito. Si lo hago suficientemente bien en la vida, seré feliz. Siempre un modo condicional. Me esfuerzo y espero una recompensa. Creo que el mundo funciona sólo de esta manera. Si la expectativa se cumple, esto confirma mi programa y lo refuerza. Estoy contenta. Todo bajo control, según lo previsto! Pero si la expectativa no se cumple, entonces me frustro y me parece injusto. Cómo qué no lo conseguí?! Yo me esforcé!

Mi vida ha sido marcada por el esfuerzo. “Las cosas no llegan porque si”, “Hay que trabajárselo para conseguir algo”, “Tienes que esforzarte”. Las palabras “esfuerzo”, “cumplir”, “conseguir”, “hacerlo bien”, “producir” han formado parte de mi manera de pensar y han guiado mi manera de actuar. Los resultados eran indicadores de una buena autoestima. Si desaparecían, me sentía destrozada. La exigencia no sólo era algo “normal”, sino también algo que se merecía un aplauso. Agradezco a mi capacidad de esfuerzo, que me ha aportado mucho en varios momentos de mi vida. Me ha permitido persistir a pesar de las dudas. A la vez puedo ver de que manera me limita esta actitud “productiva” ante la vida, donde ser es igual al hacer, donde me entiendo como una fábrica, que si funciona bien, se “merece” existir.

A veces aparecía un cansancio de vivir así… Y también esperanza que un día podré descansar, cuando ya lo haga todo, cuando ya cumpla con todo, entonces… entonces…. Entonces qué? Qué pasará entonces? Entonces viviré reamente? Y claro está que este entonces no llega nunca. Siempre hay algo que hacer, siempre hay algo con que cumplir. Al final la vida se vuelve una gran carrera, donde voy intentando “llegar” a todas partes, sin conseguir llegar realmente a ninguna.

Lo que necesité para salir de la rueda de autoexigencia, productividad y esfuerzo fue ver con claridad mi locura. A veces tuve que cansarme de mi misma para decir basta. Cansarme, hartarme y desesperarme. Darme cuenta que me estoy perdiendo lo esencial y sentir una tristeza profunda. Y justo allí aparecía la oportunidad de percatarme que puedo elegir otra cosa.

Para equilibrarme utilizo otra actitud: la entrega. Me cuesta porque hay que confiar. Confiar en mí, confiar en el otro, confiar en la vida. Cuando puedo confiar y entregarme siento que descanso. Siento que fluyo. Me siento más libre. Disfruto más. Desde allí puedo compartir realmente. Desde allí puedo expresar mi genuina generosidad. Aquí no controlo tanto, por eso me da un poco de miedo. Pero me arriesgo.

Otra cosa que me ayuda es descubrir el goce en lo simple, en lo cotidiano. Actitud meditativa, cuando estoy realmente presente en lo que hago, y también cuando no hago. Entonces sí que puedo sentir realmente la vida. Puedo sentirme parte de ella. Puedo disfrutar del movimiento de mis manos. Del sonido que viene de la calle. De la sonrisa de mi pareja. Para descubrir este mundo sensitivo, aparentemente oculto, y a la vez eternamente presente, necesito parar.

La tendencia de esforzarme puede existir como impulso, al fin y al cabo es un camino neuronal que he utilizado durante mucho tiempo y muchas veces, y que en muchas ocasiones me ha servido y me puede servir hoy en día cuando lo necesite. Pero en estos momentos elijo otro camino, otro camino neuronal, otro camino de la vida. Prefiero vivir que producir. Prefiero vivir que cumplir. Prefiero vivir que hacerlo bien. Prefiero vivir.

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