Cuando la tierra se hunde bajo los pies – sobre los auspiciosos vértigos del buscador espiritual

busqueda-espiritualEn el camino de la búsqueda espiritual en algún momento llegamos a un sitio donde no hay a donde agarrarse. Nos hemos vaciado de varios conceptos, identificaciones, ideas sobre nosotros mismos y estamos en un impase donde nada parece tener sentido. De repente no sabemos nada, ni hacia donde vamos, ni de donde venimos, ni donde estamos ahora mismo. Quizás empezamos nuestra búsqueda porque estuvimos en algún tipo de crisis. Y ahora, otra vez, estamos en una especie de crisis, porque otra vez nada parece tener sentido. Nos acompaña una sensación de falta de tierra bajo los pies. También puede haber una sensación de caída por un precipicio, sin saber donde vayamos a aterrizar, si es que vayamos a aterrizar en algún lugar. Es un momento donde puede surgir miedo, incluso pánico y unas ganas tremendas de poder encontrar algo a que agarrarse. La mente egóica empieza a buscar pero lo único que encuentra es el vacío, entonces empieza a inventar cosas buscando algo, por ejemplo: “Siempre he querido aprender kung fu, voy a apuntarme a un curso”, “No canto nada mal, quizás debería ser cantante?”, “Esto de espiritualidad no es para mi, voy a dedicarme a otra cosa.”

Es cuando aparecen las preguntas y dudas: Para qué todo esto? Estaba tan implicado en mi proceso para recibir eso? Para eso me he esforzado tanto? Para este nada, que ni siguiera es agradable? Estas preguntas parecen muy legítimas. Evidentemente es el ego que las está haciendo. El ego siempre busca algún tipo de beneficio para si mismo. Y en este caso no encuentra ninguno. Antes, al menos habían experiencias espirituales, una sensación de paz y amor, entonces el ego estaba contento: “Mira, vale la pena. Nunca he sentido algo tan bonito, agradable y especial.” Incluso podía haber sacado sus conclusiones: “Esto es la espiritualidad”.

Pues la verdad es que en la espiritualidad honesta el ego al final no debe encontrar nada para él. Porque la espiritualidad no es para el ego, sino es ser libre del ego, o al menos ver su irrealidad. Así que podemos decirle en estos momentos auspiciosos de dudas: “No cariño, no hay nada para ti. Y no habrá”

La opción que nos queda es seguir observando las jugadas de la mente. Es lo que aprendemos en la Terapia Gestalt Transpersonal. Observar los esfuerzos por encontrar cualquier placer disponible o alguna distracción, y ser sinceros con nosotros mismos. Si nos vemos corriendo detrás de algo para encontrar un llenado, al menos que sepamos para que estamos corriendo. Es una oportunidad de reconocer que no todos los deseos son genuinos, y algunos son sólo resultado de un intento de escape de un verdadero descubrimiento.

A veces tenemos suerte, porque la vida nos ayuda: aunque busquemos cursos de kung fu, no encontramos ninguno que empiece en estos momentos. Bueno, el Universo suele responder a los deseos genuinos, que vienen de la profundidad de nuestro Ser, y no de las superficiales caprichos del ego.

También podemos permitirnos ser totalmente miserables y vulnerables. Es una parte difícil para los que buscamos ser perfectos y exitosos (también en la espiritualidad). Oh, cuanto me ha costado esta parte! Poder estar allí, con todo mi fracaso, sin ningún plan y sin saber que hacer. Aunque la experiencia al principio no fue agradable, pero luego reveló una libertad tremenda. Algo en mi se rindió a la experiencia de miseria y vulnerabilidad, y lo que apareció fue un espacio abierto de posibilidades infinitas.

Lo importante es entender también que las viejas estructuras se van cayendo. Por eso hay esta sensación de vértigo. No sabemos que nos espera después de esta destrucción, que es lo que la reemplazará. Así que un elemento imprescindible es la confianza. Como dice Rumi: “Lo que me ha traído hasta aquí, tiene que encargarse de mi ahora también”. Confianza que hay algo infinitamente más grande y sabio que está sabiendo en cada momento que hay que hacer, aunque nosotros no lo entendamos. Y en momentos de dudas podemos darle espacio, y dejar que actúe a través de nosotros. Puede que tremendos descubrimientos vayan a pasar, o puede que simplemente nos demos cuenta: “No ha sido nada…” y empecemos a  reírnos de las jugadas de nuestra propia mente.

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