“No me dejes nunca! – el miedo al abandono

miedo-abandono-terapia-gestalt-barcelonaEl miedo a abandono es uno de los miedos frecuentes que puede vivir un niño. Como niños somos vulnerables, y nuestra supervivencia depende de los adultos. Si estos se ausentan, los niños pueden experimentar emociones de miedo, angustia, desesperación… El sistema cognitivo – emocional del niño no dispone todavía de recursos para poder manejar una situación ansiosa.

Las situaciones de ausencia física de los padres  (por su muerte, separación, etc) pueden provocar sentimientos de abandono en los hijos. Pero no sólo la ausencia física, sino también  emocional, (cuando los padres por varias razones no satisfacen necesidades emocionales del niño), puede desencadenar estos sentimientos. Cuando p.ej. la madre está deprimida, o el padre abusa de alcohol, o uno de ellos sufre algún tipo de enfermedad, o están muy involucrados en algún proyecto profesional, etc., los hijos pueden sentirse abandonados y rechazados. Incluso puede darse que aparentemente todo va bien, los padres cuidan de los hijos, no les falta de nada, pero existe una cierta frialdad emocional. Los sentimientos no se expresan. Aunque sin duda se quieren uno al otro, no lo demuestran.

Frente al dolor que produce el abandono el niño es indefenso. Con el tiempo aprende desarrollar una serie de estrategias para poder sobrevivir. Luego crece y las estrategias se pueden cristalizar como rasgos de carácter, que se manifiestan en las relaciones con los demás. Como adultos, de forma inconsciente y automática, intentamos evitar que nos abandonen. Es lo que se hace evidente en algunas parejas. En las parejas se forma un vínculo lo suficientemente profundo para poder conectar con nuestros asuntos inconclusos de la infancia.

Puede ocurrir que aflore el miedo de abandono cuando existe una posibilidad real de acabar la relación, y también en otras situaciones, por ejemplo cuando la pareja participa en alguna actividad sola, cuando queda con sus amigos, cuando dedica tiempo a sus intereses, etc. Entonces la pareja se puede sentir abandonada aunque realmente no hay un motivo real para sentirse así. Sin embargo la situación le hace conectar con los sentimientos infantiles de abandono y puede intentar evitar que su pareja “se vaya”. Por lo tanto, el miedo de abandono puede estar de fondo de muchas discusiones, de los celos, conductas de dependencia, inseguridades y malestares en la pareja. Puede llevar a los intentos de control de la pareja por un lado, y pérdida de respeto por uno mismo, por el otro. En definitiva el amor es vivido desde el enganche y apego, causando infelicidad a uno mismo y a la pareja.

Normalmente el miedo esconde un dolor infantil, que en contacto con el otro se transforma rápidamente en rabia, tristeza, desesperación y desde allí reaccionamos como respuesta a estas emociones desagradables, gestionándolas mediante estrategias de manipulación que tienen como objetivo retener al otro. Aquí menciono algunas de ellas:

  • Intentar agradar, ser excesivamente amable, demasiado servicial, satisfacer todas las necesidades de la pareja por encima de las propias – “Si soy bueno contigo, seguro que te quedarás conmigo”
  • Amenazar, chantajear emocionalmente. – con que se hará daño, con que no vaya a poder vivir sin la pareja, con que la vida se arruinará si se va, etc. “Quizás así te sientes culpable y no me dejarás”.
  • Ir de víctima – mostrar con actos, palabras y lenguaje no verbal lo mal que lo está pasando. “Quizás así te doy pena y no me dejarás”.
  • Enfadarse, exigir – utilizar la agresión implícita y explicita, intentando mantener el control y poder. “Si te controlo, no me dejarás”
  • Hacer entender a la pareja que nos debe mucho – “La deuda que tienes conmigo es demasiado grande para que te puedas ir”
  • Castigar silenciosamente – en vez de expresar lo que le pasa, se queda en silencio sufriendo, esperando que el otro lo vea y se arrepienta. “ Te castigo y espero que te des cuenta de tu acto de maldad”.

Aunque todas estas estrategias nos han podido servir en algún momento temprano de nuestras vidas, la realidad es que ya no somos niños. Y “desde la cabeza” lo entendemos. Pero la emoción del niño interno que levamos dentro es un motor fuerte que nos empuja a reaccionar rápido, a veces sin darnos cuenta de lo que nos está pasando. A veces nosotros mismos nos extrañamos, cuando nos pillamos en los juegos manipulativos que utilizamos. Como dice uno de los principios de la Terapia Gestalt, el darse cuenta de lo que nos pasa es el primer paso a cambiar la situación. El segundo es responsabilizarnos de lo que nos pasa.

Muchas veces detrás del miedo al abandono hay un dolor por haber sido abandonado. No siempre es fácil conectar con él. Desde luego no queremos volver a vivirlo, por eso nos esforzamos tanto y utilizamos todo nuestro repertorio de estrategias manipulativas. Sin embargo, al conectar con él, le damos la posibilidad de ser sanado. Conectar con él no es lo mismo que entender mentalmente que lo tenemos. Conectar quiere decir poder sostenerlo y respirarlo. Es cuando puede ser liberado.

Para poder sanar las heridas de abandono, necesitamos hacernos cargo del niño interno que llevamos dentro y de su dolor. Este hacernos cargo es un proceso de integración, y requiere paciencia. Sin embargo vale la pena. La recompensa está en poder vivir el amor desde la libertad y entrega que nos damos a nosotros mismos y al otro y formar relaciones más satisfactorias y nutritivas.

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