Un cuento sobre el Sentido de la Vida

cuento-terapia-gestaltMe encantan los cuentos. Hoy quiero compartir uno sobre el sentido de la vida, como lo buscamos y como lo encontramos. Dice Claudio Naranjo, un referente dentro de la Terapia Gestalt y Terapia Transpersonal que “Las grandes cosas que no se pueden poner en forma de un cuento, es muy discutible que valga la pena decirlas”. La sencillez y profundidad de un cuento muchas veces nos llega más que una muy sofisticada teoría. Un cuento nos explica un viaje interior de un personaje, con el que encontramos cosas en común. En este caso os cuento que pasó en la vida de una princesa algo caprichosa….

Erase una vez un rey que tenía una hija. La princesa llegaba a la edad adulta y el rey decidió que ya era hora que se fuera a vivir sola. Organizó un concurso que se llamaba: “El Hogar Ideal para la princesa”. El ganador se podía llevar un premio muy grande de diez cofres de oro puro, 100 vacas y 100 caballos.

Los más grandes constructores y arquitectos del reino empezaron a crear un Hogar Ideal pensando en la princesa. Uno de ellos, un hombre con mucha experiencia en la construcción militar, construyo un castillo de piedra, con varias torres, sólido y robusto. Alrededor de él había situado varios guardias para su mayor protección. La princesa llegó, lo miró con admiración, diciendo: “Este lugar parece muy seguro para vivir”. Y se quedó viviendo un tiempo en él, disfrutando de la seguridad que le proporcionaba. Pero al cabo de un tiempo se sintió algo agobiada, porque las paredes eran tan gruesas que no dejaban casi entrar el aire. Los guardias examinaban cada persona que se acercaba al castillo, por lo tanto no podía tener mucho contacto con los habitantes del reino. Por lo tanto, decidió que no sería su Hogar Ideal.

Otro palacio, construido por un famoso arquitecto de Oriente, estaba hecho de diamantes, piedras celestiales y telas aterciopeladas. Era un lugar a la vez cómodo y precioso, las paredes brillaban con los rayos de sol y la luna, los muebles estaban hechos de cristales valiosos, las bellas telas invitaban a largos descansos. Los sirvientes, bellos hombres y mujeres, estaban siempre dispuestos a cumplir todos los deseos de la princesa. La princesa dijo: “Qué hermoso es este lugar para vivir! Podría estar aquí mirando las gemas y contemplando su belleza todo el día, y disfrutando de la compañía de estos seres tan bellos!” Después de unos días, después de haber visto todas las gemas en las paredes y haber disfrutado del suave tacto de las telas, se sintió algo aburrida. Los sirvientes empezaron a molestarle porque no le dejaban hacer nada por sí sola, siempre intentando cumplir cualquier deseo suyo. Al final decidió que no es su Hogar Ideal para vivir.

Y así, iba visitando varios sitios, pero no se quedaba satisfecha con ninguno, a pesar que no les faltaba ni belleza, ni comodidad, ni seguridad. El rey, algo desesperado, dobló la cuota de premio que se llevaba el ganador del concurso. Un día se presentó en el palacio un hombre joven vestido de ropajes pobres anunciando que había preparado un lugar ideal para la princesa. Los sirvientes del rey se rieron: “Qué puedes ofrecer tú, pobre diablo, a nuestra princesa?” “Acompáñenme”, dijo el chico. Y fueron el rey, sus consejeros y  la princesa a ver el lugar. Pararon frente de una modesta cabaña de madera rodeada por un jardín. Los consejeros empezaron a burlarse del chico: “Cómo puedes pensar que la princesa podría vivir aquí? Al fin y al cabo se trata de una princesa, y no de ninguna campesina”. Pero la princesa aun así quería probar. Descubrió que había un huerto donde no crecía nada y allí empezó a plantar flores, vegetales y árboles frutales. Se ocupaba del cuidado del jardín, cortando las ramas y fertilizando la tierra. El jardín florecía, los arboles daban sus frutos y la princesa podía ver cada día los resultados de su trabajo. El jardín siempre estaba abierto a todos. Los habitantes del reino venían a buscar hortalizas, verdura y fruta y se deleitaban de su sabor. A veces venían tempestades, a veces plagas, que exigían más atención de la princesa. A veces acababa muy cansada. Pero a pesar de esto, y con sorpresa para todos, ella se quedó allí. Dijo a su padre: “Mi jardín, al contrario de un castillo o palacio, nunca deja de crecer. Siempre puedo plantar algo. Cada día es una aventura. Y puedo compartir con todos los frutos de mi trabajo. Este es mi Hogar Ideal. “

El rey entendió y entregó el premio al chico joven. Dicen que este se casó con la princesa y juntos cuidaron del jardín durante muchos años.

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