La ternura – una emoción de gestión fácil?

file0001885763700Aparentemente, la ternura no es una emoción “problemática”, porque es agradable, cálida, generalmente nos gusta experimentarla. No está en la lista de las emociones “dificultosas”, al lado de rabia, culpa o envidia. Sin embargo su gestión puede causar dificultades.

Según el esquema emocional que utiliza la Terapia Gestalt, la ternura es una manifestación de la alegría – una de las 4 emociones básicas (alegría, miedo, rabia, tristeza). La sentimos cerca del chakra del corazón, en el pecho como una sensación de calor, vibración suave y/o pulsante. Notamos una sensación de apertura, que nos permite acercarnos al otro. La ternura tiene que ver con el compartir con el otro, y está relacionada con el dar y recibir afecto.  Por lo tanto, es una emoción que ayuda a crear un vínculo afectivo. Vemos las muestras de ternura en los animales, que se acarician, lamen, tocan. Esto fortalecen el vínculo de madre – hijo y de pareja. La primera vez en la vida que recibimos ternura fue de nuestros padres, sobre todo de la madre. Según su forma de dar el afecto, luego desarrollamos nuestra forma de amar.

La ternura se puede expresar en forma de contacto físico y también en forma verbal: mediante las palabras. Muchos tenemos recuerdos de lo bien que nos ha ido escuchar unas palabras afectuosas, o un abrazo o una caricia de alguien cercano. La ternura tiene esta capacidad de ablandecernos, y nos sentimos dispuestos a dejar nuestras armas por un rato y permitir que nos quieran y que nos cuiden. Esto beneficia nuestra salud física y psicológica, y refuerza las relaciones.

La Terapia Gestalt nos ayuda a poner consciencia en ¿cómo recibimos la ternura y como la damos?

Puede ser un reto poder expresar lo que queremos. Nos arriesgamos, que podemos no recibirlo. Por lo tanto la gestión de la ternura tiene que ver mucho con gestionar la frustración, porque quizás el otro no tiene la misma capacidad o necesidad de compartir la suya que nosotros. Nos arriesgamos a recibir un “no” como respuesta a nuestro intento de acercarnos. Pero si no nos acercamos frenados por el miedo, nos quedamos con la emoción no expresada, y probablemente también nos sentiremos frustrados.

Lo que está claro es que es difícil que los demás adivinen que necesitamos compartir con ellos. Muchas veces en la pareja ocurre, que uno espera que la pareja adivine su estado emocional y actúe de acuerdo a sus necesidades. Pero el otro, normalmente no es adivino, y si no hay comunicación, es difícil que se produzca un encuentro, incluso puede ser principio de un desencuentro. Creo que a todos nos suenan las conversaciones, que a veces los terapeutas escuchamos también en la terapia de pareja, tipo: “Qué te pasa?” “Nada”. “Como que nada? Te veo triste…” “Bueno, porque quería que me abrazaras y no lo hiciste” “Ahhh, no lo sabía…” “Pues deberías!”

Para recibir la ternura, es necesario crear este espacio de dejarse cuidar. Todos necesitamos que nos cuiden a veces, y si no nos mostramos abiertos a recibir o sólo nos limitamos a intentar cuidar al otro, puede que no recibamos su ternura. A veces aparece miedo a sentirse vulnerable ante el otro, que se aproveche de nosotros si nos abrimos demasiado. Entonces nos protegemos, y podemos vender al mundo  nuestra imagen de “ya me las arreglo yo sólo”. Tiene que ver con nuestras vivencias del pasado, a partir de las cuales hemos desarrollado una determinada forma de dar y recibir afecto.

Algunos, para recibir utilizan “trucos”: le dan al otro lo que quieren recibir, p.ej. te doy un abrazo porque lo que quiero es que me abraces tú así que me adelanto yo primero y a ver si con esto consigo que me lo des tú. Y a veces lo conseguimos, sin embargo es interesante darnos cuenta de que en la forma que lo logramos no vemos realmente ni al otro ni a nosotros mismos.

La ternura que damos tiene que ver con cuidar al otro. Algunos dan muy poco, algunos no tienen ningún problema de cuidar a los demás. Hasta el punto de olvidarse de ellos mismos y sin preguntarse “Y quién me cuida a mi?”. Si nos volcamos tanto en el dar, probablemente dejaremos poco espacio para recibir, y esto puede llevarnos a sentir carencias, porque aquí el lema: “Más das, más recibes” no siempre funciona. Es interesante ser consciente como ocurre en nosotros el baile entre dar y recibir, entre cuidar y ser cuidado. Para bailar bien el baile de ternura se necesita una buena dosis de confianza para dar y una apertura para recibir. Y también tener en cuenta los ritmos, teniendo en cuenta mi ritmo y el ritmo de otro, porque para que el baile fluya, nos tenemos que compaginar uno al otro y esto requiere de atención, empatía y respeto.

Aunque la ternura tiene carácter expansivo y social, es decir, tiene que ver con el compartir con el otro, no está demás también desarrollar una mirada tierna hacia nosotros mismos. Y no sólo la mirada. Podemos practicar mediante auto – caricias o auto – abrazos, buenas palabras hacia nosotros mismos. La autoestima se verá beneficiada, y nuestro cuerpo lo agradecerá. Y en el caso sí que funciona el lema: “Más te das (a ti mismo), más recibes”.

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