El victimismo: una actitud tóxica o un papel agradecido?

file0001931487912Creo que todos nos hemos puesto de víctima en algún momento. Quién no se ha quejado nunca?  La cosa empieza a complicarse cuando nos instalamos en esta actitud y ésta empieza a formar parte de nuestra forma de ser y de relacionarnos con el mundo.

Las personas que se quedaron atascadas en el victimismo, se quejan y se lamentan mucho, explicitando más o menos su autocompadecimiento, por ejemplo: “Todo me sale mal”, “La vida ha sido muy cruel conmigo”, “Tu siempre me haces sentir mal”, “Cómo ha podido tratarme tan mal?” “Tengo tan mala suerte”. Normalmente exageran lo negativo que les pasa y hacen de sufrimiento su tarjeta de presentación. La mirada se vuelve hacia el exterior y es tenida de colores muy oscuros – hacia lo que no hay, no ha habido, lo que no pudo ser y lo que faltó.  A la mínima crítica, se ofenden, o entran en la queja aún más grande (“No importo a nadie…”), como si estar en este lugar les proporcionaba algún tipo de placer.

Realmente el victimista se ha fijado a si mismo en un lugar manipulativo, y tiene muy poca consciencia de lo que él mismo hace y deja de hacer. Crea un ambiente de culpa, donde los demás tienen la sensación que son responsables de algo, pero no saben de que exactamente. Porque las victimas no piden directamente lo que necesitan, si no que emiten mensajes ambiguos tipo “Me resulta tan difícil soportar esto”. No se sabe si es una petición de ayuda, de escucha, de afecto?…

La actitud de víctima es un lugar que puede aportar algunos beneficios, y es bueno darnos cuenta de esto. Podemos conseguir algo si producimos lástima en los demás (afecto, consuelo, atención…). Algunas personas pueden reaccionar a nuestra postura, trayéndonos ayuda. Los que tienen perfil “salvador”, que les gusta ayudar a los demás cargando con sus problemas, puede que se sienten hasta atraídos hacia “las víctimas”: “Mira esta pobre! Está sufriendo tanto! Hay que ayudarle!”.  Lo que pasa es que con la actitud de salvar, no le ayudamos, todo lo contrario, lo empequeñecemos aún más (engrandeciéndonos a nosotros mismos, claro está). Lo reafirmamos aun más en su postura. A veces confundimos lástima con la compasión. Y el papel de “salvador” puede parecer muy noble pero  tiene su precio también – nos responsabilizamos de algo que no nos corresponde, y cargamos con un peso innecesario.

Aunque no lo parece a primera vista, ser víctima es un papel agradecido. Es un papel del “bueno de la película”, con el que es más fácil identificarse, es más aceptable (“Yo lo he hecho todo bien, y los demás/la vida me han fastidiado”). Qué es lo que quieren conseguir jugando este papel? Quizás dar una imagen al mundo de “buena chica o chico”? Quizás la de “mártir”? Es una idea muy romántica ser un mártir, y “las chicas buenas” pueden ser premiadas de varias maneras.

El victimismo es una forma de control a los demás. Si me pongo en el papel de víctima, puede ser que el otro se acerque, me preste atención o se sienta culpable, y para calmar su propio malestar, haga algo que a mí me sentirá bien.

Después de todo, detrás de la máscara de la victima hay un dolor real y una necesidad que quiere ser satisfecha. Así que, en vez de lamentarse,  vale la pena indagar en lo que quiero en estos momentos: Qué hay detrás de la queja y lamento? Quiero ser escuchada? Quiero cariño? Quiero que me presten atención? No identificar y no responsabilizarme de mi emoción y de la necesidad que tengo, me sitúa en un lugar manipulativo hacia los demás. En cambio, cuando me doy cuenta que quiero realmente, puedo expresarlo y pedirlo al otro de forma directa.

Culpar a las otras personas de lo que nos pasa, viene de una idea mágica que el otro nos puede hacer sentir bien o mal. De hecho, nadie nos puede “hacer sentir” de ninguna manera. Lo que el otro hace, es lo que él hace y a nosotros nos provoca cosas, nos conecta con dolores, temores, rabietas, tristezas propias. La Terapia Gestalt nos ayuda reconocer nuestros propios límites: Yo soy. Tú eres tú. Yo me responsabilizo de lo mío, de lo que a mi me pasa, de mi dolor, de mi temor, de mi tristeza. Hasta aquí llego. No puedo responsabilizarme de lo tuyo. Pero, si quieres que te escuche, que te de cariño o afecto, es posible que te lo pueda dar. Aunque sí que es verdad que no es seguro.  Frente a la actitud victimista, podemos preguntar directamente: Qué quieres / necesitas de mi? Necesitas que haga algo?

Instalarse mucho en el lugar de victima impide tomar decisiones necesarias para salir de una crisis. No puede haber una buena decisión sin la conciencia y responsabilidad por lo que realmente nos pasa. Por eso es importante primero darnos cuenta de lo que uno mismo hace o deja de hacer, para que le ocurran cosas negativas. También, en cada evento aparentemente negativo, hay oportunidades. Y nosotros, aunque no somos perfectos, tenemos capacidades y recursos suficientes para poder superar las dificultades. Todo depende donde ponemos la mirada: en el vaso medio lleno (en lo que si tenemos para superarlos) o medio vacío (en lo que aparentemente nos falta). Dedicar algunos minutos al día a agradecer lo que la vida nos está dando, puede ayudar a cultivar una actitud más abierta y saludable, y también conectarnos con nuestro potencial.

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