Autoestima – las vitaminas para nuestro ser

autoestima-terapia-gestalt-barcelonaSegún Maslow la autoestima positiva es una de las necesidades básicas del ser humano. Las personas con autoestima alta tienen más iniciativa, asertividad, siguen su propio criterio, no son excesivamente influenciables por los demás, tienen mayor estabilidad emocional, no recaen fácilmente ante las adversidades sino siguen adelante. Una alta autoestima aporta al bienestar de la persona.  Por el contrario, los que tienen baja autoestima suelen tener miedo a fallar, se viven confundidos e inseguros, son más inestables emocionalmente, les cuesta asumir riesgos porque las acciones son centradas en la prevención (salvaguardar lo que tengo) y no en la expansión.

La autoestima tiene que ver con la valoración de nuestro autoconcepto (yo). Autoconcepto son ideas y creencias que tenemos sobre nosotros mismos. Si esta imagen mental que tenemos sobre nosotros mismos está bien valorada, entonces nuestra autoestima es alta. Si no es así, nuestra autoestima es baja. No nos basamos en los mismos criterios para valorar nuestro yo. Algunos se centran más en la relación con lo académico, profesional, aprobación social, apariencia física, moralidad, etc. Esta valoración tiene un componente afectivo importante, pudiendo provocar las emociones de orgullo (cuando me valoro bien) o vergüenza (cuando me valoro negativamente). En pocas palabras, la autoestima responde a la pregunta que hacemos en la terapia Gestalt: “Me gusto a mi mismo?” Si la respuesta es “no”, probablemente hay algunas partes de nosotros mismos que rechazamos y por lo tanto necesitamos aceptar o desarrollarlas. Es importante no caer en una generalización (p.ej. ayer tuve miedo y me escape de una situación angustiosa y afirmo generalizando: “Soy una cobarde” Es más coherente con la realidad decir: “Ayer fui cobarde”).

Nuestra autoestima puede sufrir bajadas y subidas, dependiendo de los sucesos que nos parecen importantes. Se ha demostrado que los eventos negativos afectan más a las personas que tienen un autoconcepto menos complejo. Los que tienen el autoconcepto más desarrollado tienen la autoestima más estable. En la terapia Gestalt nos dedicamos a ampliar y flexibilizar nuestro autoconcepto, de esta manera la autoestima también se ve favorecida.

Para evaluarnos nos comparamos con los demás. A veces, para subir nuestra autoestima, nos comparamos con personas que consideramos que son menos que nosotros en algún aspecto. También nos comparamos con los que consideramos que son mejores que nosotros. Si nos sirven como modelos en los que nos podemos inspirar, estas comparaciones nos pueden ayudar a mejorar. Pero si nos sirven únicamente para empequeñecernos, podemos caer en envidia que no ayuda a nuestra autoestima.

La autoestima es tan importante que la intentamos proteger a través de no reconocer alguno de los aspectos que nos resultan inaceptables, dolorosos. Los rechazamos y enfatizamos la parte contraria (en la terapia Gestalt los llamamos polaridades) diciendo p.ej.  “Yo siempre soy honesta y digo las cosas a la cara”, no reconozco mi parte contenida. Sin embargo, si intentamos excluir algo de nuestra conciencia, estamos cortando una parte de nuestro ser. Y tampoco nos dejamos ver la potencialidad que existe en la parte rechazada (p.ej. ser contenida me permite a veces evitar un conflicto en el que no me interesa meterme en un momento dado). Cuando utilizamos “siempre”, o “nunca”, normalmente nos limitamos a alguna parte de nuestro ser y fácilmente podemos caer en la rigidez.

La autoestima también tiene que ver con los estándares de yo. Existe un yo – ideal y yo – responsable. Si existen discrepancias entre mi yo – real (lo que pienso que soy) y mi yo – ideal y yo – responsable (lo que creo que debería ser), entonces esto influirá en mi autoestima. Si pienso que debería ser simpática (mi yo – ideal) y resulta que empiezo a contestar borde a mi cliente, mi autoestima puede verse afectada porque veré que lo que debería ser no se corresponde con lo que soy. Para proteger nuestra autoestima utilizamos justificaciones (“Es que este cliente empezó primero a hablarme mal” , “Me sacó de quicio”), de esta manera atribuimos la responsabilidad a la otra persona y no la asumimos. Pero tampoco llegamos a una visión realista de nosotros mismos, y esto nos empobrece. Una buena autoestima abraza con cariño lo que hay, también lo desagradable, feo, grotesco. Si no podemos abrazar a este idiota que llevamos dentro, realmente no nos estamos queriendo.

La buena noticia es que siempre podemos reforzar nuestra autoestima, independientemente de lo baja que este en un momento dado. Siempre podemos aprender a querernos y valorarnos más. Algunos somos más lentos aprendiendo, pero esta capacidad de educarnos la tenemos todos y durante toda la vida.

J. Gil escribe en su libro “Quiérete más, quiérete mejor”, que la autoestima se nutre de cuatro recursos: confianza, responsabilidad de si mismo, respeto y creencias sobre uno mismo. Estos cuatro factores interactúan entre si y se retroalimentan de forma positiva o negativa. Si tengo una creencia que merezco aprecio, me respeto más, tengo más confianza y me es más fácil responsabilizarme de mis acciones.

Alimentar la confianza

La confianza en nosotros mismos, de la que se nutre la autoestima, se puede alimentar. Lo que la alimenta es una actitud de responsabilidad de nuestras vidas, de lo que sentimos, pensamos y hacemos. Nos da una sensación de tomar las riendas de la vida, siendo el protagonista que decide y se responsabiliza, y no un mero observador. Otra cosa que alimenta la confianza, y por lo tanto la autoestima, es el permiso interno para ser quien somos, aunque esto signifique que no vamos a gustar a todos. Por el otro lado, mantener relaciones que nos nutren, que no sean demasiado difíciles, también ayuda a desarrollar la confianza.

Abrirse a lo nuevo

Poder asumir los riesgos estimula nuestra autoestima. Es más cómodo estar con lo de siempre, en donde nos sentimos más “a salvo”. Sin embargo, salir y probar lo nuevo, enfrentarse a las situaciones que nos cuestan, impulsa nuestra autoestima.  Y si, eso requiere salir de lo confortable, quizás vivir nuestro miedo, sentirnos vulnerables… Dice Osho “La vida sólo florece en el peligro. La vida nunca florece en la seguridad”.

Permiso para equivocarnos

Nos equivocamos. Y mucho. Y todos, sin excepción. Si no nos damos permiso a equivocarnos, no creceremos. En vez de reprocharnos por los errores, que tiene un efecto muy negativo para nuestra autoestima, podemos cambiar el enfoque y preguntarnos: Qué aprendo de este error? Qué nuevas oportunidades veo en esta situación? Recordemos que la situación es la que es pero de nosotros depende la manera de mirarla. El juicio sobre ella hacemos nosotros. Qué tipo de observador de tus errores quieres ser?

Dignidad de un ser imperfecto

Querer mejorar, crecer, desarrollarnos como persona pueden ser deseos genuinos que nos impulsan hacia adelante. También pueden emerger de una falta de valía. Demasiada insistencia en ser perfecto nos puede llevar a una excesiva exigencia con nosotros mismos, bajar nuestra autoestima y llevarnos a la sensación de ser indigno para ser amados o respetados por nosotros mismos y por los demás. Somos perfectamente imperfectos, y con esto ya es suficiente para ser dignos. Por el mero hecho de existir ya somos dignos. Es bueno poder repetir de vez en cuando. “Ya soy suficiente, ya tengo suficiente, ya merezco”.

No soy mis logros ni mis fracasos

Es cierto que la autoestima sube cuando tenemos algún tipo de logro, en el trabajo, en nuestra vida social o sentimental. Entonces nos sentimos y nos valoramos bien. Ocurre lo contrario cuando fracasamos. Si nos sobreidentificamos con nuestros éxitos y fracasos, nuestra autoestima fluctuará en función de estos resultados. En realidad no somos esto, somos algo mucho más amplio, y si reducimos todo nuestro ser a un resultado, tanto si es positivo como si es negativo, nos limitamos, y también condicionamos nuestra autoestima.

Apoyarse en los valores

Definir los valores nos ayuda a definir lo que es importante para nosotros y que nos guía en la vida. La fuerza, la entrega, el amor, la seguridad, la honestidad, etc. pueden ser pilares que especifiquen que queremos vivir y que aspectos de nosotros mismos podemos potenciar. Ser consciente de nuestros valores y vivirlos nos refuerza y nos empodera, y por lo tanto ayuda a nuestra autoestima. También nos facilita tomar decisiones importantes.

“La peor soledad es no estar cómodo contigo mismo” M. Twain.

Siempre estamos con nosotros mismos. Inevitablemente es así, y no podemos escaparnos, por mucho que lo intentemos. Por lo tanto debemos ser los primeros con los que mantenemos una actitud afectuosa. Cuidar primero nuestro propio jardín nos aporta bienestar, estabilidad, relajación, confianza, y también es una base importante de buenas relaciones. Nos nutre en el día – día y actúa como “reserva” para las situaciones dificultosas – las afrontamos con mayor serenidad y flexibilidad. Así que una buena autoestima es sin duda una facilitadora de una vida más plena y satisfactoria. Siempre podemos mejorarla, desarrollarla y ampliarla y lo que más le ayuda es abrir nuestros brazos y abrazar tanto lo bonito y luminoso, como lo feo y oscuro.

 

 

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