Aprendiendo de los árboles – sobre los trastos internos de los que nos desprendemos

apegos-terapia-gestalt-barcelonaEl otoño es una época que invita a desprenderse de lo viejo. Miramos los árboles y vemos las hojas que van perdiendo, sin ninguna pena. Nadie ha visto un árbol lamentandose por haber perdido sus hojas. Pero a nosotros, los seres humanos, nos cuesta mucho desprendernos de lo viejo, aunque no nos sirva.

A veces queremos que cosas nuevas ocurran y pasen en nuestras vidas, pero no nos damos cuenta lo mucho que nos hemos llenado de trastos. Deseamos un cambio, visualizamos lo nuevo, oramos a dioses y diosas, hacemos rituales, pero nada ocurre. Antes de poder ocurrir un cambio significativo, el primer paso es darnos cuenta de que nos hemos llenado.

Es verdad que nos gusta estar rodeados de cosas. Al menos hay algo que nos aropa, nos sentimos de alguna manera protegidos y seguros. Pero cuanto tiempo podemos pasar acariciando un viejo osito de peluche, por muy suave que sea?

Me viene una imagen de una habitación llena de todo tipo de cosas, viejos libros, juguetes con las que ya no juega nadie, cuadros llenos de polvo, trastos que ya nadie utiliza, sin embargo siguen allí… La luz quiere entrar pero hay tanta cosa que la habitación sigue pareciendo oscura. Veamos que tipo de cosas pueden causar que nuestra casa se quede sobrecargada de lo viejo…

A veces nos encontramos con trastos – emociones. Son el resentimiento, la culpa, el rencor, la rabia. Emociones que no fueron vividas y/o expresadas, y siguen en nosotros a pesar de pasar el tiempo. En la Terapia Gestalt Transpersonal las revisamos, intentando conectar con ellas, para facilitar el proceso de fluir. Una emoción que fluye es una emoción sanada. Si se queda estancada, es porque en algún momento nos agarramos a ella, consciente o inconscientemiente, muchas veces a través de promesas como por ejemplo: “Nunca le perdonaré!” “Nunca me perdonaré!”. Y allí siguen volviendo nuestro ambiente interior amargo y triste, a veces tan llenas de polvo de estancamiento que ni nos damos cuenta de su existencia, hasta que llega su hora de liberación y pasar a la luz.

Cuando hablamos de “trastos internos prescindibles” nos referimos también de las ideas y creencias que no nos sirven. Amueblamos nuestra casa interna con tantas ideas sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre la vida. Las ideas sobre nosotros mismos son como los cuadros en esta casa vieja. Autoretratos que hicimos de nosotros mismos , y también retratos que hicimos de los demás. Allí están, aparentemente decorando nuestras paredes, y aunque están llenos de polvo y agritados, no las sacamos. Es más, a veces incluso presumimos de ellos. Cuál es tu idea – cuadro favorito? Soy insignificante? No valgo? Tengo que trabajar duro para conseguir las cosas? Si me relajo, pierdo control? Debo seguir lo que se espera de mi?

También las ideas que tenemos sobre los demás nos impiden verlos con los ojos nuevos. Pasa mucho en las parejas. Tenemos una imagen fija de la persona con la que compartimos la vida, que incluso puede volverse una parte de nuestro moviliario: está allí, no molesta. Nos hemos acostumbrado a su presencia, igual que nos hemos acostumbrado a la presencia de un jarrón del comedor: ni molesta ni nos importa mucho. Está allí. Qué pasaría si por una hora o un día nos permitimos a mirarlo/la con los ojos totalmente limpios del pasado y todas las ideas que tenemos sobre él o ella?  Como si la vieramos por primera vez?

También en nuestra casa interna a veces hay unas estatuas, que representan personas a las que hace falta decir adíos pero no nos atrevemos despedir agarrandonos a algo . Puede tratarse de aquellas personas que se fueron para siempre, o aquellas de las que nos separamos, y seguimos en el duelo evitando soltar el pasado. Puede tratarse de relaciones que ya no nos sirven, y resistimos a dejarlos a pesar de saber muy bien en el fondo de nuestro ser que ya es hora de decir adiós. Pueden ser relaciones que necesitan algún tipo de transformación pero no la permitimos, por miedo o por costumbre.

Cada vez que hago la limpieza en mi casa, cojo por ejemplo una pieza de ropa que no me pongo desde hace 5 años, y empiezo a dudar: Ayyy, y si me sirve este otoño? O el año que viene? Me cuesta desprenderme, pero cuando finalmente lo hago,  empiezo a tirar las cosas sin piedad sintiendo como si me quitara de encima varios kilos de peso. Dicen que somos animales de costumbres, y hay mucha razón en esto. Es difícil desprenderse de cosas materiales, y que más de las relaciones y apegos propios. Pero como vamos a abrir las ventanas que permiten entrada de luz si están bloqueadas por nuestros conceptos? Cómo vamos a poder tener la casa limpia si todo está cubierto de polvo de estancamiento? Cómo vamos a poder abrir la puerta de nuestro corazón si estamos abrazando cariñosamente una estatua de una relación pasada?

Los cambios requieren coraje. Se trata de salir de nuestra zona de confort y esto asusta. Se trata de hacer algo diferente. Para empezar, revisemos como está amueblada nuestra casa interna. Estamos satisfechos? O quizás sobran cosas? Qué es lo que evitamos al no querer despedirnos de ellas? Qué el tiempo de otoño nos acompañe y que los arboles nos sirvan de inspiración para dejar el paso a lo nuevo, despidiéndonos del pasado, para que a la llegada de invierno tengamos nuestra casa limpia y llena de luz.

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